Si has paseado por el Barrio Santa Cruz de Sevilla habrás visto que en algunas calles hay una ruedas de molino incrustadas en las fachadas. Y, si eres curioso, te habrás preguntado qué son y para que sirven.
No son decoración ni restos arqueológicos colocados al azar. Están ahí por una razón muy concreta… y nos hablan de cómo se vivía y se circulaba por Sevilla hace siglos.
¿Que son esas ruedas de piedra?
Por ejemplo habrás visto las ruedas de piedra en la Calle Ximénez de Enciso esquina con la Calle Cruces o en la Calle Aire esquina con Fabiola a la altura del Instituto Británico. También en otros lugares del centro fuera de Santa Cruz, como en la Calle Abades en la Casa de los Pinelo.
Pero, ¿qué son estas piedras redondas que encontramos en las fachadas?
Estas piezas se conocen como “botarruedas”. Son antiguas ruedas de molino de piedra reutilizadas e incrustadas en las fachadas de las casas durante el siglo XVI.
En aquella época, en las calles de Sevilla circulaban muchos carruajes. El problema estaba en los guardaejes, unas piezas metálicas de los carros que sobresalían y que, al pasar, rozaban constantemente las paredes, dañando las fachadas.
Para evitar ese desgaste continuo, se optó por una solución tan simple como ingeniosa:
colocar ruedas de molino de piedra en las paredes, justo a la altura donde chocaban los carruajes. De este modo, el golpe recaía sobre la piedra dura y no sobre el muro.
Además, estas ruedas procedían de molinos de harina que ya no servían, por lo que se reutilizaban en lugar de desecharse. Una buena forma de aprovecharlo.

¿Por qué era tan importante proteger las fachadas?
En la Sevilla de la época, las casas señoriales debían construirse en piedra, un material resistente y prestigioso. El problema es que cerca de Sevilla había escasez de piedra, por lo que muchas viviendas se levantaron con materiales más blandos, mucho más vulnerables al roce constante de los carruajes.
Precisamente por esa falta de piedra, se recurrió a lo que había más a mano: las ruedas de molino, talladas en piedra procedente de canteras cercanas, como las de Gerena, de donde también procede gran parte del adoquinado tradicional del centro de Sevilla.
No solo ruedas, también columnas
Si te fijas bien, junto a las ruedas verás otro elemento muy habitual en estas calles: columnas colocadas en las esquinas de los edificios. Se llaman “guardacantones”, y su función era similar, pero aplicada a los cruces: proteger las esquinas de los impactos de los carruajes.
En este caso, la variedad es mayor: las hay de piedra, mármol y con distintos niveles de decoración.
Muchos de ellos proceden de edificios antiguos reutilizados, incluso de época romana o visigoda, lo que convierte a algunas esquinas de Sevilla en auténticos palimpsestos históricos.
Con el paso del tiempo, los guardacantones dejaron de ser simples elementos prácticos y empezaron a diseñarse con más ornamentación y adaptados a la estética del edificio.
Sevilla se explica en los detalles
Las ruedas de molino y los guardacantones no suelen aparecer en las guías rápidas ni en los recorridos más turísticos. Sin embargo, son un ejemplo perfecto de cómo Sevilla se explica en los detalles.
La próxima vez que pasees por Santa Cruz, baja la mirada, fíjate en las fachadas y piensa en los carruajes, las calles estrechas y las soluciones prácticas de una ciudad que siempre ha sabido adaptarse… sin perder belleza.


