Entre las calles blancas y silenciosas del Barrio Santa Cruz hay una historia que parece seguir adherida a las paredes. Es la leyenda de La Susona, uno de los relatos más sobrecogedores de la antigua Judería de Sevilla. Una historia que habla de amor, miedo, traición y culpa.
Cuenta la leyenda que Susana Ben Susón, hija de una influyente familia judía, tomó una decisión que cambió para siempre su destino y el de quienes la rodeaban. Su historia no solo marcó a su comunidad judía, sino que dejó una huella tan profunda que aún hoy, más de cinco siglos después, sigue viva en una pequeña callejuela donde el silencio parece tener memoria.
Este artículo te llevará por la historia completa: lo que cuenta la leyenda, lo que sabemos por documentos históricos, dónde ver el lugar exacto donde vivió y por qué su figura sigue estremeciendo a viajeros y sevillanos.
La historia completa de La Susona
A finales del siglo XV, vivía en la Judería una joven llamada Susana Ben Susón. Era conocida por su belleza delicada, por la elegancia de sus gestos y por ser hija de un banquero judeoconverso. Las estrechas calles de Santa Cruz eran su hogar: patios frescos, casas encaladas y un ambiente donde lo cotidiano convivía con secretos ancestrales.
La vida de Susona parecía tranquila, hasta que el destino le cruzó un camino inesperado.
Susona se enamoró de un joven cristiano, algo que, para la época, era mucho más que un simple romance prohibido. Eran tiempos de recelos, de sospechas, de miradas que podían condenar una vida entera.
Pero aun así, ella siguió su corazón. Se encontraban en secreto bajo los balcones del barrio, entre sombras y murmullos, protegiendo un amor tan frágil como atrevido. Para Susona, él era su refugio en medio de un mundo cada vez más complicado.
Una noche, Susona escuchó sin querer una conversación entre algunos miembros de la comunidad judía, incluido su propio padre: se estaba fraguando un complot contra los cristianos.
No se conocen los detalles exactos, porque la leyenda ha mezclado realidad y mito, pero sí el impacto que tuvo en la joven: miedo. Un miedo profundo, paralizante.
¿Y si su amado corría peligro?

La Susona, dominada por el temor, decidió romper el silencio. Se escapó de casa de noche en busca de su amado a través de la actual calle Mateos Gago y le reveló lo que había escuchado. Él, a su vez, informó al capitán Diego de Merlo. Pero las consecuencias fueron terribles: la conspiración fue descubierta, los implicados detenidos y condenados a muerte.
Cuando Susona comprendió que su aviso había hundido la vida de su propio padre y de muchos vecinos, el remordimiento cayó sobre ella como una losa imposible de soportar. Incapaz de convivir con su decisión, Susona ingresó en un convento, donde pasó sus últimos días buscando consuelo espiritual.
Pero lo más sorprendente estaba por llegar.
En su testamento dejó una petición estremecedora:
«Y para que sirva de ejemplo a los jóvenes y en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto, separen mi cabeza de mi cuerpo y la pongan sujeta en un clavo sobre la puerta de mi casa y quede allí para siempre».
La Susona quería que, al morir, su cabeza fuese colgada en la fachada de su casa. Era su forma de advertir al mundo del precio de la traición y del peso de la culpa.
Su petición fue cumplida y desde entonces esa calle se llamó la Calle de la Muerte.

La cabeza estuvo tanto tiempo ahí hasta el siglo XVII hasta que se deterioró y sólo quedó su cráneo.
Durante siglos, el cráneo estuvo allí, mirando silenciosamente a todo el que pasaba por la calle que más tarde cambiaría y llevaría su nombre: Calle Susona.
Hoy el azulejo que recuerda la historia sigue en el mismo lugar. Muchos viajeros afirman que es uno de los rincones más sobrecogedores del Barrio Santa Cruz: un callejón donde el silencio se siente distinto, más pesado, más antiguo.
¿Qué hay de verdad en la leyenda?
Como ocurre con tantas historias que sobreviven al paso de los siglos, la leyenda de la Susona nace de una historia real, pero con capas añadidas por el tiempo, la tradición oral y el gusto sevillano por adornar sus relatos.
El contexto real: Sevilla en el siglo XV
A mediados del siglo XV, Sevilla vivía un ambiente de tensiones crecientes entre cristianos, judíos y conversos. No era extraño que entre rumores, conspiraciones y recelos, surgieran historias de traiciones, venganzas y ajustes de cuentas.
En ese clima aparece la figura de Susana Ben Susón, una joven judía que, según documentos de la época, sí perteneció a una familia destacada de la judería. Su padre, Diego Susón, formaba parte del consejo comunitario y tenía cierta influencia.
Diego Susón fue detenido por Diego de Merlo, junto a otros personajes de aquella época, por organizar una conspiración.
El origen literario de la traición
La primera referencia escrita a una historia similar aparece dos siglos después de los supuestos hechos, en manuscritos y relatos populares recogidos por viajeros románticos del XIX. Es decir, la versión que conocemos (el plan secreto, la traición de la joven enamorada, y el asesinato de su padre) no tiene respaldo documental firme.
Lo más probable es que la historia naciera como un relato moralizante transmitido oralmente, quizá inspirado en tensiones reales, pero sin basarse en un hecho concreto. La idea de una mujer que, cegada por amor, traiciona a su comunidad para acabar pagando un precio eterno, encajaba perfectamente en la forma de contar historias del Siglo de Oro y del Romanticismo.

¿Y el famoso cráneo?
El detalle más impactante, el cráneo colgado en la fachada de su casa, tampoco aparece en documentos oficiales. Sin embargo, sí existen referencias costumbristas del siglo XVIII y XIX que mencionan “una calavera puesta en la Calle de la Muerte”.
Es decir, no sabemos si fue real pero sí sabemos que el símbolo existió, al menos en la memoria colectiva del barrio.
Los vecinos, durante generaciones, señalaban aquella esquina como “el lugar de la Susona”, y este tipo de tradición oral en Sevilla suele tener más fuerza que cualquier archivo.
¿Entonces, qué es verdad?
La historia de la Susona, tal como se cuenta hoy, es más una leyenda construida sobre el recuerdo de una joven real de la judería, pero dramatizada y transformada con los siglos. Lo único verdaderamente histórico es el contexto, los nombres y la existencia de una casa donde, durante décadas, los sevillanos situaron aquel trágico episodio.
Y quizá por eso sigue viva: porque mezcla historia y mito hasta el punto de que resulta imposible separarlos.
La casa de la Susona hoy y cómo visitarla
Hoy, la memoria de La Susona sigue viva, aunque su cráneo ya no cuelga de la fachada. Lo que sí se conserva es la casa donde se cree que vivió, un rincón del Barrio Santa Cruz que aún transmite la tensión y el misterio de aquella historia.
La vivienda está situada en la calle que lleva su nombre, Calle Susona, un estrecho pasaje típico de la Judería, con fachadas encaladas, macetas colgantes y balcones de hierro forjado. Solo con caminar unos metros se siente la atmósfera de siglos pasados, donde cada piedra parece susurrar secretos.
La fachada principal, Aunque sencilla, la pared donde antiguamente se colocaba el cráneo es el punto central de la leyenda. Hoy encontrarás una placa conmemorativa que recuerda la historia de la joven y su trágica decisión. Observarla permite imaginar el impacto que este símbolo causó en vecinos y viajeros durante generaciones.

Curiosidades y detalles menos conocidos
La leyenda de La Susona está llena de secretos y matices que no siempre aparecen en los relatos más populares. Conocerlos hace que la visita al Barrio Santa Cruz sea aún más fascinante.
La placa no siempre estuvo donde la vemos hoy
La actual placa conmemorativa en la Calle Susona es moderna, pero durante siglos los vecinos señalaban diferentes fachadas como “la casa de Susona”. Algunos cronistas antiguos mencionan que incluso se cambiaba la ubicación de la calavera según remodelaciones de la vivienda. Esto refuerza la idea de que la leyenda se transmitía tanto oral como visualmente, y que el símbolo era más importante que la exactitud geográfica.
Versiones alternativas de la traición
No todas las versiones coinciden en que Susona delató a su familia por amor. Algunos relatos hablan de un complot más grande, donde su decisión fue motivada por miedo a represalias generales contra la comunidad judía, no solo por proteger a su amado.
Otros afirman que la joven actuó presionada por su conciencia y la tensión política del momento, y que el amor fue un añadido de la tradición oral. Esto demuestra cómo las leyendas evolucionan según quien las cuenta.
Influencia en rutas de misterio y turismo nocturno
La historia de Susona ha servido como eje de rutas de misterio y paseos nocturnos por el Barrio Santa Cruz. Los guías locales aprovechan cada esquina, cada patio y cada sombra para narrar la leyenda, mezclando historia, mito y experiencias sensoriales.
Muchos visitantes aseguran que caminar por la calle al anochecer es “sentir la presencia de la propia Susona”, una sensación que combina curiosidad, respeto y un leve escalofrío.

Conclusión: Mucho más que una historia de amor
La leyenda de La Susona es mucho más que una historia de amor y traición: es un reflejo del alma del Barrio Santa Cruz, donde cada callejón, cada patio y cada fachada parecen guardar secretos de siglos pasados. Entre el mito y la historia, Susona sigue viva en la memoria de Sevilla, recordándonos la fuerza de las decisiones, la intensidad de los sentimientos y el peso de la culpa.
Caminar por la Calle Susona, imaginar los encuentros secretos, detenerse ante la placa conmemorativa o recorrer los patios cercanos permite vivir la leyenda de manera tangible. Cada paso nos acerca a la Sevilla medieval, a la Judería y a la emoción que una sola vida puede transmitir a generaciones enteras.
Visitar este rincón del barrio es mucho más que un paseo turístico: es sumergirse en la historia, sentir la ciudad como lo hicieron sus habitantes hace siglos y descubrir por qué La Susona sigue siendo uno de los mitos más fascinantes de Sevilla.
Porque en Santa Cruz, las leyendas nunca mueren… solo esperan a que alguien las vuelva a contar.


