Con el paso de los años, Sevilla ha cambiado. Y su centro histórico, también. Cada vez más turístico, más global, más lleno de franquicias y tiendas pensadas para el visitante de paso. La calle Sierpes no es una excepción. Hoy conviven escaparates de souvenirs y grandes cadenas con un puñado de comercios que, por suerte, han resistido al tiempo, a las modas y a los cambios.
Y es que desde principios del siglo XIX, Sierpes fue uno de los grandes ejes comerciales de Sevilla. Aquí se venía a comprar, a pasear, a quedar. Muchas de esas tiendas ya no están, pero otras siguen ahí, manteniendo viva la esencia del comercio tradicional sevillano.
Este artículo es un pequeño homenaje a esas tiendas que aún sobreviven. A las que forman parte de la memoria colectiva de la ciudad… y también de la mía.
1. Papelería Ferrer (1856)
Entrar en Papelería Ferrer es hacerlo en otro tiempo. No es una papelería al uso. Aquí no vienes solo a comprar un cuaderno: vienes a elegirlo.
La historia comienza en 1856, cuando un joven matrimonio catalán llegó a Sevilla con la idea de “hacer las Américas”. El barco se fue sin ellos y Sevilla terminó siendo su destino definitivo. Abrieron una pequeña tienda en Sierpes dedicada a fabricar tinta, y sin saberlo, pusieron la primera piedra de uno de los comercios más bonitos de la ciudad.
Cinco generaciones después, Ferrer sigue siendo un templo del papel, la escritura y la caligrafía. Plumas estilográficas, tintas de colores imposibles, cuadernos artesanos, papeles especiales…
Lo mejor es que entras por curiosidad y sales con algo bajo el brazo, aunque no supieras que lo necesitabas.

2. Confitería de La Campana (1885)
Hablar de la Confitería de La Campana es hablar de Sevilla. Está justo al inicio de Sierpes, en ese punto donde la ciudad siempre parece empezar.
Es una de las cafeterías más antiguas y queridas de Sevilla. En Semana Santa, por delante de su fachada pasan las hermandades iniciando la carrera oficial. Dentro, pasteles de toda la vida, torrijas cuando toca… y recuerdos.
Yo recuerdo sentarme allí con mi abuela, mirar al balcón de la Peña Bética de enfrente y pedirme un pastelito rosa, que siempre fue mi favorito. Si te paras frente a su escaparate, fíjate en la réplica de la Giralda y en los pequeños nazarenos. Son detalles que te dicen que estás en un sitio especial.

3. Café Catunambú (1956)
Un poco más adelante aparece Catunambú, otra cafetería de las de antes. Pequeña, sencilla, sin artificios.
Aquí el café se sirve en vaso de cristal, en mesas y sillas de chapa de las que en verano queman los brazos. Y lo mejor: sus churros con chocolate. Parada obligatoria para desayunar o merendar, sin prisas, como se ha hecho siempre.

4. Relojería El Cronómetro (1901)
Aunque hoy tiene más tiendas en Sevilla, El Cronómetro nació aquí, en la calle Sierpes. Y esta es la especial. La reconocerás enseguida por su fachada original y los seis relojes que aún cuelgan de la pared. Desde 1901, la imagen del local ha cambiado muy poco, y eso es parte de su encanto.
Justo al lado está la tienda más moderna, pero la que de verdad enamora es esta, la que sigue marcando el tiempo como hace más de un siglo.

5. Juan Foronda (1923)
Si hay una tienda que huele a Sevilla, esa es Juan Foronda. Mantillas, mantones, artesanía textil… basta con pasar por delante para saber que estás en una ciudad con tradición.
La historia empieza con un abuelo riojano que llega a Sevilla, aprende el oficio y se enamora del textil. Con el tiempo, la familia Foronda se convierte en referencia absoluta. Su taller de Argote de Molina y la tienda de Sierpes son establecimientos emblemáticos, reconocidos oficialmente y admirados incluso por productoras y rodajes.
Aquí la artesanía no es un souvenir: es identidad.

6. Deportes Z (fachada histórica)
Aunque Deportes Z ya no existe como tienda, su fachada amarilla sigue ahí, resistiendo. Es uno de esos lugares que muchos sevillanos recuerdan, aunque hoy dentro haya pasado de todo. Originalmente fue Nuevo Sport y después Deportes Z, fundada por Zacarías Zulategui, un empresario navarro que llegó a Sevilla en 1918.
Hoy es un recuerdo pintado en la pared, pero sigue formando parte del paisaje sentimental de Sierpes.

7. Sombrerería Maquedano (1896)
Maquedano fue la primera sombrerería de Sevilla, y sigue siendo una de las más especiales.
Su tienda modernista, abierta en 1908, se conserva prácticamente intacta: escalera de caracol, molduras, techos altos, cajas apiladas… No hay mostrador, solo dos sillas, un espejo y cientos de sombreros esperando a que alguien se pruebe el suyo.
Entrar aquí es entender cómo se compraba antes, con tiempo y con ceremonia.

8. Antonio García (1847)
Otra joya del comercio tradicional es Antonio García, especializada en sombreros y equitación. Desde mediados del siglo XIX, esta familia ha mantenido vivo un oficio artesanal que iba desde la fabricación del casco de pelo de conejo hasta el sombrero terminado, hecho a mano.
Es una tienda que habla de otra Sevilla, de otra forma de vestir y de vivir la ciudad.

Un paseo entre lo que fue y lo que resiste
Además de estas tiendas, en la calle Sierpes aún se conservan muchas fachadas originales, aunque por dentro hoy alberguen franquicias o comercios modernos. Y aun así, es un pequeño milagro que estos negocios tradicionales hayan sobrevivido.
Porque cada uno de ellos no es solo una tienda: es una historia, una familia, una forma de entender Sevilla.
Y mientras sigan ahí, Sierpes no será solo una calle comercial, sino también un lugar donde la ciudad se reconoce a sí misma.

