El Hospital de los Venerables, situado en pleno corazón del barrio de Santa Cruz, es uno de los edificios barrocos más bellos y armoniosos de Sevilla. Construido en el siglo XVII para acoger a sacerdotes ancianos, hoy es un espacio de arte, historia y serenidad donde se combinan patios luminosos, una iglesia ricamente decorada y obras maestras del Barroco sevillano.

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Qué es el Hospital de los Venerables
El Hospital de los Venerables es uno de los edificios más bellos y singulares del barrio de Santa Cruz. Fue fundado en el siglo XVII por el canónigo Justino de Neve como residencia y lugar de asistencia para sacerdotes mayores y enfermos, conocidos como “venerables”.
La obra fue encargada a los arquitectos Juan Domínguez y Leonardo de Figueroa, dos de los máximos representantes del barroco sevillano, por lo que el edificio combina elegancia, armonía y un estilo decorativo muy característico de la época.
Con el paso de los siglos, el hospital perdió su función original y llegó a estar en riesgo de deterioro, pero en el siglo XX fue restaurado por la Fundación Focus y reabierto al público convertido en centro cultural y sede del Centro Velázquez, donde se exponen obras maestras del barroco sevillano.
Hoy en día es un lugar imprescindible para comprender la historia artística de Sevilla y descubrir un ejemplo excepcional del barroco civil y religioso de la ciudad.

Qué ver en el Hospital de los Venerables
El Hospital de los Venerables es uno de esos lugares que sorprenden por dentro: aunque desde la calle parece un edificio discreto, en su interior guarda uno de los mejores ejemplos del barroco sevillano, una iglesia que parece un cofre decorado y un patio lleno de armonía que invita a pasear sin prisa.
El Patio central
Este patio es la puerta de entrada al espíritu del edificio. Construido en el siglo XVII, está rodeado de arcadas y columnas que crean un ambiente muy recogido y silencioso.
En el centro destaca una fuente octogonal con un sistema antiguo de canales que distribuía el agua hacia el suelo hundido, pensado para favorecer la ventilación natural en verano.
Es uno de los patios más elegantes del barrio de Santa Cruz y una muestra perfecta de la arquitectura sevillana de la época.

La Iglesia del Hospital: un tesoro barroco
La iglesia es, sin duda, el espacio más impactante del conjunto. Fue decorada por algunos de los mejores artistas del barroco sevillano y está repleta de frescos, yeserías y policromías que envuelven al visitante desde el suelo hasta la bóveda.
Destacan los frescos de Valdés Leal y Lucas Valdés, con escenas religiosas representadas con dramatismo y un dominio magistral del color; y el Retablo Mayor, una joya del barroco andaluz, tallado con un nivel de detalle que sorprende incluso a quien no está familiarizado con el arte.
El resultado es una iglesia pequeña pero tremendamente decorada, donde cada centímetro cuenta.

El Coro y las dependencias históricas
En la parte superior se encuentra el pequeño coro, que conserva el ambiente íntimo con el que los sacerdotes venerables realizaban sus rezos. Desde allí también se aprecia la arquitectura original del edificio, pensada para ofrecer una vida tranquila y austera a los clérigos retirados que vivían en este retiro piadoso.
En las salas contiguas se exponen piezas históricas relacionadas con la vida religiosa y la historia del propio edificio
El Centro Velázquez
La planta superior del edificio está dedicada a esta pequeña pero impresionante colección de arte barroco. Aquí podrás ver obras de Velázquez, Murillo, Martínez Montañés o Zurbarán, entre otros. Es una visita obligada para los amantes del arte.
La museografía es moderna, y combina muy bien con la arquitectura del siglo XVII, creando un espacio expositivo luminoso y elegante. La pieza estrella es “Santa Rufina”, atribuida a Velázquez, una obra que fue recuperada para Sevilla para evitar que saliera del país.

La Azotea y vistas interiores
Aunque no cuenta con miradores elevados hacia la ciudad, las zonas superiores del edificio permiten apreciar de cerca la geometría del claustro y los tejados de Santa Cruz.
Es una parte menos conocida del recorrido, pero aporta una perspectiva muy bonita del conjunto arquitectónico.
