
La Plaza de Doña Elvira es uno de los rincones más encantadores del barrio de Santa Cruz. Pequeña, peatonal y rodeada de edificios de marcado estilo sevillano, esta plaza combina historia, leyenda y vida cotidiana en un espacio que invita a detenerse sin prisas. Sus naranjos, su fuente, el ambiente tranquilo contrastan con la intensa actividad turística que la rodea, convirtiéndola en una parada habitual en cualquier paseo por el centro histórico de Sevilla.
Historia de la Plaza de Doña Elvira
Aunque hoy resulte difícil imaginarlo, la Plaza de Doña Elvira no existió como tal hasta comienzos del siglo XX. El espacio que ocupa formó parte durante siglos del entramado de la antigua judería de Sevilla, un recinto separado del resto de la ciudad tras la conquista cristiana de 1248. Esta zona, correspondiente a los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé, fue escenario de periodos de convivencia, pero también de persecuciones, especialmente tras el violento pogromo de 1391, que supuso prácticamente la desaparición de la judería sevillana.
Tras estos acontecimientos, muchos de los solares pasaron a manos de nobles cercanos a la Corona. Entre ellos se encontraba Pedro López de Ayala, canciller de Castilla, que recibió propiedades en esta zona por concesión del rey Enrique III. Estos bienes fueron heredados posteriormente por su hija, Elvira López de Ayala, cuyo nombre acabaría dando identidad al lugar.
Con el paso del tiempo, en este espacio se instaló un afamado corral de comedias, conocido como el Corral de Doña Elvira, uno de los más importantes de la Sevilla de los Siglos de Oro. En él se representaron obras de grandes autores como Miguel de Cervantes o Lope de Vega, convirtiendo la zona en un destacado foco cultural de la ciudad. Algunos historiadores sitúan este corral exactamente en el solar de la plaza actual, mientras que otros lo ubican en un punto muy cercano.

Durante el siglo XIX, el entorno comenzó a transformarse. En 1826, el asistente José Manuel de Arjona impulsó la apertura de un espacio más amplio mediante la demolición de varias casas situadas entre las calles Ataúd, Vida, Caballos y la antigua Plazuela de los Caballos. En 1845 el lugar adoptó oficialmente el nombre de Plaza de Doña Elvira, aunque todavía no presentaba el aspecto que conocemos hoy.
La configuración definitiva llegó entre 1911 y 1918, dentro del gran proceso de reurbanización del barrio de Santa Cruz, dirigido por el arquitecto municipal Juan Talavera y Heredia. Más tarde, en 1924, el proyecto se completó con la intervención del marqués de la Vega-Inclán, comisario regio de Turismo, quien diseñó los parterres, la zona ajardinada central y el conjunto de bancos, naranjos y fuente que hoy definen la plaza.
El resultado es una plaza de planta casi cuadrada, de carácter íntimo y exclusivamente peatonal, rodeada de edificios regionalistas y con una clara vocación residencial que, con el tiempo, se ha orientado también al turismo. Restaurantes, terrazas y pequeñas tiendas conviven hoy con la historia y la leyenda, haciendo de la Plaza de Doña Elvira uno de los espacios más evocadores del barrio de Santa Cruz.

La leyenda de Doña Elvira y Don Juan Tenorio
La Plaza de Doña Elvira está profundamente ligada al universo literario de Don Juan Tenorio, el célebre personaje creado por José Zorrilla y convertido con el tiempo en uno de los grandes mitos románticos asociados a Sevilla. La tradición popular sitúa en este entorno la casa de Don Gonzalo de Ulloa, padre de Doña Elvira, una de las mujeres seducidas y abandonadas por Don Juan en la obra.
Según la leyenda, Doña Elvira vivía en esta zona del barrio de Santa Cruz, y desde aquí partiría el drama que la lleva a perseguir a Don Juan hasta Sevilla para exigirle que cumpla su promesa de matrimonio. Este vínculo literario fue tan fuerte que el nombre de Doña Elvira acabó impregnando el lugar, mezclando historia y ficción hasta resultar inseparables.
Aunque los historiadores señalan que el nombre podría hacer referencia a Doña Elvira López de Ayala, hija del canciller Pedro López de Ayala y propietaria de estos terrenos tras la desaparición de la judería, la leyenda romántica ha terminado por imponerse en el imaginario colectivo. Sevilla, ciudad de tradiciones y relatos transmitidos de generación en generación, ha sabido abrazar esta dualidad entre realidad histórica y creación literaria.
Hoy, pasear por la Plaza de Doña Elvira es hacerlo también por uno de los escenarios simbólicos del Don Juan Tenorio, una obra que cada año sigue representándose y que mantiene viva la conexión entre la ciudad y su pasado más teatral y legendario.

Cómo llegar a la Plaza de Doña Elvira
Tienes varios caminos para llegar a la Plaza de Doña Elvira, ya que se encuentra en el centro del Barrio Santa Cruz. Si vienes desde la Catedral, avanza por la Plaza del Triunfo, a través de la Plaza de la Alianza, por la Calle Rodrigo Caro, llegarás a Plaza de Doña Elvira. Otro camino desde la Catedral, es través del Patio de Banderas, toma la calle Judería y llegarás a la Plaza a través de la estrecha calle Vida.
Si estás haciendo una visita por el barrio por Santa Cruz, será tu siguiente parada cuando vengas del Hospital de los Venerables.
